Barro, lujo y saloma: El secreto mejor guardado del Año Nuevo en Panamá
Por: Mónica Planas, corresponsal en Panamá
¿Alguna vez ha sentido el abrazo fresco y denso del barro bajo los pies desnudos, mientras el sol de las provincias centrales panameñas le dicta el ritmo al corazón? Olvide las cenas formales y los fuegos artificiales de la ciudad; el verdadero Año Nuevo panameño no se cuenta en segundos, se mide en brazadas de paja, tierra y el sudor compartido de un pueblo.
Macaracas, donde el tiempo baila con la tradición
|
En el corazón palpitante de Los Santos, el pueblo de Macaracas se despierta cada enero envuelto en el Encuentro Folclórico del Canajagua. Esta no es una simple festividad de calendario; es una declaración de orgullo y resistencia cultural.
Al llegar, su plaza principal —custodiada por una catedral que parece vigilar la historia— le recibe con esa hospitalidad "interiorana", que se siente como un reencuentro. Aquí, la gente poseé una alegría eléctrica que se transmite en cada atención, en cada conversación y en cada sonrisa sincera. |
El resplandor en tarima: Un desfile de lujo
|
La noche es el escenario para el esplendor visual. El encuentro es una pasarela viva de la pollera, el traje típico nacional y una obra maestra de la costura.
Bajo las luces, la reina saliente deslumbra. Su pollera, hecha a mano con meses de laboriosa técnica, parece cobrar vida con cada movimiento. El encaje inmaculado contrasta con los joyeros dorados que adornan su pecho: la cadena chata, el cabestrillo de monedas de oro, el cordón de mosqueta. Su cabeza es una constelación de destellos; los tembleques de perlas y cristales, meticulosamente colocados, tiemblan con cada giro, replicando el brillo de las estrellas de Macaracas. A su lado, los caballeros, sobrios pero elegantes en sus camisillas blancas con alforzas finas y botones de oro, y sus "sombreros pintaos" tejidos con maestría, custodian la belleza del folclor mientras la reina entrante pronuncia sus palabras de compromiso con la tradición. |
La pollera panameña es famosa mundialmente por ser considerada uno de los trajes tradicionales más hermosos del mundo.
Existen más de 100 variantes, siendo la más destacada la pollera de gala o lujo, confeccionada a mano con encajes, bordados y
acompañada de un tocado de joyas llamado "tembleques".
Existen más de 100 variantes, siendo la más destacada la pollera de gala o lujo, confeccionada a mano con encajes, bordados y
acompañada de un tocado de joyas llamado "tembleques".
La junta de embarra: Arquitectura del sudor y la amistad
|
Al día siguiente, tras un desayuno de frituras doradas, carimañolas y hojaldres que desafían cualquier dieta, el camino empinado de tierra nos conduce al epicentro del jolgorio. Allí, el aire huele a helado de pipa refrescante y a tierra húmeda, mientras la música típica y el "ajé, ajé" de la saloma inundan el ambiente. A un lado, ya está montado el escenario para la creación de la casa de quincha tradicional. Cientos de personas se reúnen para participar en este rito de construcción comunitaria. El proceso es una coreografía ancestral: grupos organizados preparan la mezcla de barro, agua y paja, esta última crucial para darle elasticidad y resistencia a la estructura. |
La magia ocurre en el foso. Decenas de pies se hunden rítmicamente en la masa espesa. Es el "pisado" del barro, una mezcla de trabajo duro y baile espontáneo. Esta mezcla densa y pegajosa se aplica luego a la estructura de madera y caña, rellenando los huecos con precisión artesanal, creando muros frescos y robustos que respiran y aíslan del calor.
Grandes y chicos se divierten, cubiertos de pies a cabeza con el material que pronto será el hogar de una familia, transformando una labor de construcción en una fiesta de solidaridad pura.
Grandes y chicos se divierten, cubiertos de pies a cabeza con el material que pronto será el hogar de una familia, transformando una labor de construcción en una fiesta de solidaridad pura.
La "junta de embarra" es una tradición comunitaria, principalmente de las zonas rurales de Panamá, en la que vecinos y amigos se reúnen para construir o reparar una casa hecha de tierra, paja y madera, llamadas casas de quincha, de forma gratuita a cambio de comida y fiesta.
El cierre perfecto: Troba y sabor de fonda
|
Cuando el sol empieza a ceder, la plaza se llena con el eco de la cantadera. Los trovadores, esos poetas del campo, hilan versos sobre la vida, el amor y la tierra en décimas y torrentes que parecen brotar del suelo mismo.
Durante el embarre y en las celebraciones posteriores la gente acompaña las actividades con la "saloma". Así se le llama en Panamá a una emisión vocal o modulación gutural sin palabras que va desde un grito agudo hasta una melodía. Es una de las expresiones más auténticas y originales del campesino del interior panameño y es utilizada para amenizar el trabajo o como sello en la música folclórica, como al igual lo son la mejorana o el tamborito. |
Y para cerrar, el pecado más delicioso de Panamá: la fonda. No se puede decir que visitó Macaracas si no probó esa lechona tradicional, el sabor del cerdo crujiente, la manteca y la fritura dorada con el toque ahumado que solo una cocina de leña puede otorgar. Es un festín por el que cualquiera "mataría".
Panamá no es solo un canal o una línea de rascacielos; es este barro, esta fe, este lujo de perlas y esta mesa compartida. Y usted, ¿Se atreve a ensuciarse las manos para limpiar el alma en la próxima Junta de Embarra?
Consejo de Vivir De Viaje
|